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26 marzo La tentación de existirBuscando algo que descubrir, descubrí este texto.
La tentación de existir (fragmento) de Emile Ciorán (filósofo rumano). " Por cobardía sustituimos la sensación de nuestra nada por la sensación de la nada. Y es que la nada general apenas nos inquieta: vemos en ella demasiado a menudo una promesa, una ausencia fragmentaria, un callejón sin salida que se abre. Durante largo tiempo me obstiné en hallar a alguien que lo supiera todo sobre sí mismo y sobre los otros, un sabio-demonio, divinamente clarividente. Cada vez que creía haberlo encontrado, debía, tras un examen, cambiar de opinión: el nuevo elegido tenía todavía alguna mancha, algún punto negro, no sé qué recoveco de inconsciencia o de debilidad que le rebajaba al nivel de los humanos. Percibía yo en él huellas de deseo o de esperanza, o algún residuo de pesar. Su cinismo era manifiestamente incompleto. ¡Qué decepción! Y proseguía siempre mi búsqueda y siempre mis ídolos del momento pecaban en algún aspecto: el hombre estaba presente en ellos, oculto, maquillado o escamoteado. Acabé por comprender el despotismo de la especie, y por no soñar más que con un no-hombre, con un monstruo que estuviese totalmente convencido de su nada. Era una locura concebirlo: no podía existir, ya que la lucidez absoluta es incompatible con la realidad de los órganos. " 02 novembre Cuento de mi libro Deliciosos Cigarrillos MentoladosEste es uno de los cuentos que componen mi libro de cuentos "Deliciosos Cigarrillos Mentolados", bajo el sello Distal, recientemente publicado y distribuido en las librerías Distal, en Yennys y El Ateneo... El cuento, lleva el nombre del libro, o viceversa.PD: me volví loca para pegarlo y que me respetara la puntuación. Cualquier cosa, disculpen.
Espero que lo disfruten y/o comenten. Va para todos.
Deliciosos Cigarrillos Mentolados
Ella me mira, y cuando me mira así, yo lo sé. Ella se sube encima de mí, como si se me trepara y yo fuera una escalera. Ella empieza a moverse, sus tetas empiezan a moverse. Se mueven en direcciones opuestas: cuando una está arriba, la otra está abajo; cuando una está abajo, la otra sube. Su vientre se mueve también, toma otro ritmo que no es el de las tetas, es hacia los costados, girando en círculos.
Sus rulos también se mueven. Suben hasta el techo, luego bajan, y cuando bajan, pareciera que le quedara el pelo triste, a modo de sauce llorón. Sus piernas aprietan mis piernas. Sus uñas se clavan en mi pecho o en mis brazos. Yo la miro. Yo sostengo el sexo y la miro. La miro hasta erosionarla. Yo la miro hasta quemarle la piel. Tengo sexo con ella suspendido. Ella se mueve y empieza a gemir, y podría ser una gorda que gime, pero es ella que gime. Es Ana Paula que gime. Es Ana Paula que suda. Siento que todo está pasando ahora. Es Ana Paula la que vi entrar por la puerta de ese bar con su cara renacentista y su sonrisa espléndida. Ella era una mujer feliz de estar feliz, bailando con carne, moviéndose con carne, sonriendo con comida. Parecía que cuando se le dibujaba una sonrisa, se le dibujaban patas de pollo asadas, corderos de Navidad, postres
de mousse. Su blusa también estaba feliz, su pantalón se regocijaba de alegría.
No sé si más o menos apretado, no sé si más linda o menos linda que las demás. Entró y la vi. Entró y resplandecía. Entró y hablaba toda ella con su voz un poco grave, con sus dientes grandes, sus manos rosadas y su olor. Dulce y suave. Su olor a pelo rubio y baños de mañana. Su olor a siesta de verano. Pensé en una palabra cuando la vi: pasión. Pensé en cantantes latinas. En boleros de Manzanero para bailar apretados. Pensé en calor, pensé en un calor infernal. Pensé que era por la cantidad de gente de aquella disco. Pero no. Y me acerqué. Pensé que tenía que decirle algo. Pero tampoco. Miré un segundo sus ojos pardos. Pensé en Bukowski. Me sonrió. Su arrebato me tomó de la mano. Bailamos. Pensaba en mis otras novias: delgadas, pelos lacios, olores modernos, olor a yogurt light, sonrisas estáticas, manos quebradizas. Mientras bailábamos, sentí cómo se me contagiaba esa alegría, esa cosa latina, esa boca roja. Y me movía, primero despacio, después
sin nudos, después como ella. Y nos movíamos sintiendo al cuerpo. Existían mi cadera, mis hombros, mi sudor. Sentí mis músculos moverse. Me sentí gordo. Gordo para bailar, para escuchar la música, gordo para comer la letra de la canción y cantarla con voz gorda. Gordo para sudar, gordo para besar. La besé, no intercambiamos palabras pero la besé. Me acerqué suave a ella y la besé. Pero no sé si quería besarla a ella... yo quería besar su boca, ella era sólo pura boca. Puros ojos cuando me miraba. El resto se perdía como si no tuviera función.
Cada cosa era un imán único, un objeto irremplazable. Para besarla sólo hacía falta una cita con su boca, mientras que el resto de su cuerpo podía quedar en casa.
Nos fuimos a un hotel. Antes de entrar me dijo:
–Me llamo Ana Paula.
–Lo sabía –contesté.
Me miró.
–No sé –le dije– simplemente lo sabía.
Pensé en el rojo. Pensé en flores rojas. Me dije “ella es una flor rojo carmín”. Pensé “yo soy un azul oscuro”.
Hablamos de cosas intrascendentes. Sacamos una teoría de los hoteles alojamiento. Me dijo que le encantaba la lencería. Le dije que le quedaría mejor la lencería roja. Se desató el sostén.
Lo miró de cerca. Me dijo:
–Tenés razón.
Me quedé mirando sus tetas. No eran senos sino tetas. Tetas grandes, “tetas de amor”, pensé. Imaginé que sus tetas tenían voz, que allí adentro había un mundo, un pueblo, una ciudad, con edificios, con vacas, con autos, con policías parando el tránsito. Le dije:
–Tus tetas son hermosas.
Se sonrojó. Volvió a la cama. Volvió a gemir. Volví a gritar mi orgasmo. Pensé en un volcán, pensé que yo era el volcán azul oscuro que ahora brotaba y se derramaba. “Soy un volcán”, le dije. Me dijo que era muy lindo. Cuando lo escuché, sentí que pudo verme más allá de todo. Pensé que las palabras abrían mundos diferentes si uno tenía distintos lentes, y que ahora esta frase era mucho más profunda. Pensé en los “te amo”, en los “te quiero”, en los “te extraño”. Y a todos ellos los vi flacos, huesudos, como mis novias modernas.
Estuvimos tres meses siendo gordos. Tres meses de sexo gordo. De bocas únicas. De flor carmín y volcán azul. Después fue distinto: empecé a escuchar a los otros. Luego mis amigos me preguntaron qué me había pasado. Que yo estaba para más. Luego les dio vergüenza que saliéramos con Ana Paula. Luego salíamos solos. Luego empecé a ver que la gente la miraba. Empecé a verla distinta. Creo que comencé a volverme flaco. Solos los dos entre paredes. Que nadie nos viera. Solos los dos con videos en casa. Cenas en casa. Conversaciones en casa. Mi cansancio para ir a cenar. Luego empecé a ver que la gente me miraba. Luego fue sólo el fin de semana. Ana Paula me preguntaba qué me pasaba. Yo comencé a sentirme un ser horrible. Pensé en Hitler y me asusté. Luego pensé que no era capaz de matar a nadie.
El día que le dije que ella podría hacer dieta, que no le vendría mal hacer un poco de gimnasia, que si adelgazaba podría ponerse minifaldas, ella tan sólo me miró. Juro que nunca me habían mirado así. Me miró con olor agrio. Me miró con sus tetas caídas. Me miraron sus ciudades y pueblos. Su pelo lloró. El perfume de su piel lloró. Su mano se acercó hacia mi mano llorando. Sentí que no debía, pero sin embargo tenía que pedirle perdón. Pensé en un cura y en un confesionario. Pero me dije que pedirle perdón era peor. Y no dije nada. Y sentí cómo sus ojos se despedían de mí. Intenté con mi cabeza levantarle las tetas y sus rulos rubios. Intenté con palabras inútiles que su blusa otra vez comenzara a reír. Pero ella ya estaba llorando entera. Pensé que había cometido un desastre. Que ella era la que entró con su sonrisa espléndida, y yo llegué a su vida para quitarle la luz. Que yo la quería hacer azul. Azul como yo. La empecé a sentir de lejos. Pensé en esas postales chinas, con arbolitos, pagodas, todo chiquito. La vi en la postal. Pensé que mi corazón no se llevaba bien con mi mano. Yo quería en ese momento tomarla de la mano para decirle que la quería. Pero la mano se quedaba quieta. Pensé en un museo de cera. Me vi de cera en el museo, la gente acercándose hacia mí, tocando mi piel patinosa y dura. Me acordé de las muñecas de mi hermana, a las que sólo se les movían los ojos.
Ana Paula se prendió un cigarrillo.
–Pero si vos no fumás –le dije.
–Ahora sí –me contestó. Largó la primera pitada y habló, y lo hizo con una sonrisa que quiere disimular pena.
–Está bien –me dijo–. Alto, delgado, musculoso, mirada intensa.
Qué tonta... –se culpó mientras se fumaba el cigarrillo sin toser. Pensé en Marlene Dietrich, en Greta Garbo. Pensé en estolas de plumas. Pensé en Moulin Rouge. Pensé en la palabra Rouge.
–Rouge –le dije–. Tu sobrenombre debería ser Rouge –le repetí entusiasmado siguiendo otra conversación.
–¿Por qué Rouge? –me preguntó, seducida.
–Es perfecto para vos. La boca, el cuerpo, toda.
Se rió. Apagó el cigarrillo. Me preguntó:
–¿Mentolados no tenés? Me gustaría probarlos.
Le traje uno de la habitación. Se lo prendió. Me dijo:
–Mi mamá fumaba mentolados.
–¿Tu mamá fuma mentolados? –le pregunté mientras le robaba una pitada.
–Fumaba –recalcó–. Se murió.
–¿Cómo se llamaba?
–Beatriz –me dijo riéndose–. En la familia todos tenemos nombres comunes. Te cuento –se adelantó–: nada grave, murió del corazón. Me tuvo de grande.
–¿Hace mucho?
–¿Qué cosa?
–Que murió.
–Un año. Lloro por eso en realidad. Ella era gorda, también –me dijo, sarcástica.
–¿Te preparo un café, un té? –ofrecí.
–No, quisiera tener sexo con vos de vuelta –me dijo.
–¿Ahora?
–Ahora... más tarde... –me dijo mientras comenzaba a desvestirse.
La frené.
–Soy grande –me dijo–, sé lo que hago. Lo dudó a mitad de blusa:
–¿No querés?
–No es eso, quiero seguir escuchándote.
–La historia es triste –me desanimó.
–No importa –le dije.
Pensé en las veces que dije “no importa”. No importa si salimos tarde, no importa si no llego a tal lugar, no importa si la comida de la rotisería está demasiado salada, no importa si no tenés leche para el café, lo tomo negro. Me contó todo lo que no me había contado. Me contó lo del hospital. Me contó cuando la llamaron por teléfono. Me contó que por todo eso, su novio la dejó. Me contó que su abuela había muerto, también. Que no puede dormir, porque estar en la misma casa, le da impresión. Me contó que al poco tiempo se compró un gato para darse alegría. Que a pesar de haber estudiado ciencias económicas, a ella le encantaría ser actriz.
Le conté que mis viejos quisieron separarse pero seguían juntos. Que mi hermano menor murió arriba de una moto. Le conté que tuve un dálmata. Le conté que me encantan los caballos. Le conté que soy malísimo en matemáticas y se río. Y cuando se rió, sentí que algo de ella había vuelto, como una ráfaga. Pensé en ráfaga y pensé en el pampero y en los vientos alisios. Pensé en el cuento de Cortázar, pensé en la profesora de geografía. Pensé. La miré. Me acerqué y la besé. Se dejó besar. Pero esta vez no nos besamos latino: la besé suave, y esta vez no fue sólo boca, fue sentirse etéreo, transportado, generoso.
Era seguro que nada tenía en las manos. Seguro que esto tenía también gusto a fin. Pensé en las letras de las películas cuando terminan. “¿Fin es malo?”, pensé.
Cuando se despertó del beso, me dijo:
–Quizás no sea ahora.
–Quizás no –le dije.
–Seguí besando así –gritó, mientras bajaba en el ascensor.
No volví a verla. No me la crucé. No la leí en el diario. No volví a verla en la disco. Pensé en esas películas con final abierto, que al día de hoy todavía sigo pensando.
Algunos días me acuerdo de ella. Pero no me acuerdo de sus tetas y ella, de sus caderas Lollobrigida y ella, de su blusa. Me acuerdo de esa última vez que la vi. Como si los recuerdos eligieran cómo quedarse y compitieran entre ellos y uno sólo ganara la batalla. Pensé en batalla, en los lobos cuando se pelean por el territorio y sólo uno logra ser el líder, mientras el vencido decide irse a vivir solitario en la montaña.
Pienso en mi novia de ahora –delgada, tranquila, pelo lacio– mientras me fumo un mentolado, derritiéndolo con la boca sin dejar una gota de humo en el aire. Pienso que hay maneras de estar, de acercar, como sogas, quizás inútiles o invisibles, que unen. Deliciosos, cigarrillos, mentolados.
Valeria Sabbag.
01 ottobre Ronald BarthesSi quieren comprender, las sutilezas y tormentos del amor, tienen que tener este libro de Barthes: Fragmentos de un discurso amoroso. Un libro de cabecera. (con varios autores involucrados)..que no siempre intenta explicar, más bien compartir el ¿sufrimiento?? Ah no...cierto que el amor era hermoso. Cierto. Roland Barthes Fragmentos de un discurso amoroso (fragmento) " Cuando imagino suicidarme por una llamada telefónica que no llega, se produce una obscenidad tan grande como cuando, en Sade, el papa sodomiza a un pavo. Pero la obscenidad sentimental es menos extraña, y eso es lo que la hace más abyecta; nada puede superar el inconveniente de un sujeto que se hunde porque su otro adopta un aire ausente, mientras existen todavía tantos hombres en el mundo que mueren de hambre, mientras tantos pueblos luchan duramente por su liberación... " 20 luglio SócratesEstas frases me gustaron. En especial la remarcada. Sócrates -Todo vicio es el resultado de la ignorancia y sólo aquel que tenga el conocimiento podrá actuar de forma justa. -La única cosa que sé es que no sé nada; y esto cabalmente me distingue de los demás filósofos, que creen saberlo todo. -Aprender no es otra cosa que acordarse. -Si quieres gozar de una buena reputación preocúpate en ser lo que aparentas ser. -Los campos y los árboles nada me enseñan, pero los hombres de la ciudad sí. -Cuatro cosas le pertenecen a los jueces: escuchar cortésmente, contestar sabiamente, considerar todo sobriamente, y decidir imparcialmente. -Nadie es capaz de hacerle frente a un trabajo si no se siente competente; sin embargo, muchos piensan que son capaces de controlar el más difícil de los trabajos: el gobierno. -La fama es el perfume de los hechos heroicos. -La mejor salsa para la comida es el hambre. -La verdadera medida de la riqueza es no estar demasiado cerca ni demasiado lejos de la pobreza. -Temed el amor de la mujer más que el odio del hombre. -Anda despacio cuando escojas a tus amigos; pero cuando los tengas mantente firme y constante. " 20 giugno Freud (El malestar de la cultura)Sin palabras... esclarecedor...
Sigmund Freud
El malestar en la cultura (fragmento) " El designio de ser felices que nos impone el principio del placer es irrealizable; mas no por ello se debe –ni se puede- abandonar los esfuerzos por acercarse de cualquier modo a su realización. Al efecto podemos adoptar muy distintos caminos, anteponiendo ya el aspecto positivo de dicho fin –la obtención del placer-, ya su aspecto negativo –la evitación del dolor-. Pero ninguno de estos recursos nos permitirá alcanzar cuanto anhelamos. La felicidad, considerada en el sentido limitado, cuya realización parece posible, es meramente un problema de la economía libidinal de cada individuo. Ninguna regla al respecto vale para todos; cada uno debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz. Su elección del camino a seguir será influida por los más diversos factores. Todo depende de la suma de satisfacción real que pueda esperar del mundo exterior y de la medida en que se incline a independizarse de éste; por fin, también de la fuerza que se atribuya a sí mismo para modificarlo según sus deseos. " 01 giugno Virginia Woolf, el arte de escribirA mi entender, este fragmento, resuelve, dice, sugiere, el don de escribir. La bravura y el alivio.
Al Margen...
No se pierdan la película "Las Horas". Es maravillosa y tiene a la escritora como una de sus protagonistas, interpretada en la piel de Nicole Kidman y con gran nariz.
Los dejo en compañía.
Diario de una escritora (fragmento)- Virginia Woolf.
" Casi todo me atrae. Sin embargo se alberga en mí algún buscador infatigable. ¿Por qué no hay un descubrimiento de la vida? Algo para ponerle las manos encima y exclamar: "¿Es esto?" Mi depresión es un sentirme acosada. Estoy buscando: pero no, no es eso… no es eso. ¿Qué es entonces? ¿Tendré que morir sin haberlo encontrado? Y luego (como anoche, cuando atravesaba Russell Square) veo las montañas en el cielo: las grandes nubes; y la luna que se está alzando sobre Persia; tengo una grande, sorprendente impresión de que hay algo allí, que es "eso"? No es exactamente la belleza a lo que me refiero. Quiero decir que la cosa en sí basta: es satisfactoria; acabada. También una impresión de mi propia rareza, de la rareza de estar caminando sobre la tierra. También está ahí, la infinita extrañeza de la posición humana; estar atravesando Russell Square, con la luna allí arriba y las nubes como montañas. quién soy yo, qué soy, y todo el resto; preguntas que siempre flotan en torno: y de pronto doy de narices con algún hecho concreto -una carta, alguien- y vuelvo a ellos con un gran sentimiento de frescura. Y así continúa. Suelo toparme frecuentemente con este "eso", y experimento entonces un gran reposo. " 28 luglio Soliloquio del Individuo (otro de Nicanor Parra)Por acá pasó bastante de historia... se nota... y está buena la moraleja... o el paso evolutivo... me gusta.
Soliloquio del Individuo Yo soy el Individuo. Primero viví en una roca (allí grabé algunas figuras). Luego busqué un lugar más apropiado. Yo soy el Individuo. Primero tuve que procurarme alimentos, buscar peces, pájaros, buscar leña (ya me preocuparía de los demás asuntos). Hacer una fogata, leña, leña, dónde encontrar un poco de leña, algo de leña para hacer una fogata, yo soy el Individuo. Al mismo tiempo me pregunté, fui a un abismo lleno de aire; me respondió una voz: yo soy el Individuo. Después traté de cambiarme a otra roca, allí también grabé figuras, grabé un río, búfalos, grabé una serpiente, yo soy el Individuo. Pero no. Me aburrí de las cosas que hacía, el fuego me molestaba, quería ver más, yo soy el Individuo. Bajé a un valle regado por un río, allí encontré lo que necesitaba, encontré un pueblo salvaje, una tribu, yo soy el Individuo. Vi que allí se hacían algunas cosas, figuras grababan en las rocas, hacían fuego, ¡también hacían fuego!, yo soy el Individuo. Me preguntaron que de dónde venía. Contesté que sí, que no tenía planes determinados, contesté que no, que de ahí en adelante. Bien. Tomé entonces un trozo de piedra que encontré en un río y empecé a trabajar con ella, empecé a pulirla, de ella hice una parte de mi propia vida. Pero esto es demasiado largo. Corté unos árboles para navegar, buscaba peces, buscaba diferentes cosas (yo soy el Individuo). Hasta que me empecé a aburrir nuevamente. Las tempestades aburren, los truenos, los relámpagos, yo soy el Individuo. Bien. Me puse a pensar un poco, preguntas estúpidas se me venían a la cabeza, falsos problemas. Entonces empecé a vagar por unos bosques. Llegué a un árbol y a otro árbol, llegué a una fuente, a una fosa en que se veían algunas ratas: aquí vengo yo, dije entonces, ¿habéis visto por aquí una tribu, un pueblo salvaje que hace fuego? De este modo me desplacé hacia el oeste acompañado por otros seres, o más bien solo. Para ver hay que creer, me decían, yo soy el Individuo. Formas veía en la obscuridad, nubes tal vez, tal vez veía nubes, veía relámpagos; a todo esto habían pasado ya varios días, yo me sentía morir; inventé unas máquinas, construí relojes, armas, vehículos, yo soy el Individuo. Apenas tenía tiempo para enterrar a mis muertos, apenas tenía tiempo para sembrar, yo soy el Individuo. Años más tarde concebí unas cosas, unas formas, crucé las fronteras y permanecí fijo en una especie de nicho, en una barca que navegó cuarenta días, cuarenta noches, yo soy el Individuo. Luego vinieron unas sequías, vinieron unas guerras, tipos de color entraron al valle, pero yo debía seguir adelante, debía producir. Produje ciencia, verdades inmutables, produje tanagras, di a luz libros de miles de páginas, se me hinchó la cara, construí un fonógrafo, la máquina de coser, empezaron a aparecer los primeros automóviles, yo soy el Individuo. Alguien segregaba planetas, ¡árboles segregaba!, pero yo segregaba herramientas, muebles, útiles de escritorio, yo soy el Individuo. Se construyeron también ciudades, rutas, instituciones religiosas pasaron de moda, buscaban dicha, buscaban felicidad, yo soy el Individuo. Después me dediqué mejor a viajar, a practicar, a practicar idiomas, idiomas, yo soy el Individuo. Miré por una cerradura, sí, miré, qué digo, miré, para salir de la duda miré, detrás de unas cortinas, yo soy el Individuo. Bien. Mejor es tal vez que vuelva a ese valle, a esa roca que me sirvió de hogar, y empiece a grabar de nuevo, de atrás para adelante grabar el mundo al revés. Pero no: la vida no tiene sentido. Antipoetas (Nicanor Parra)Lo descubrí hoy. El poema se llama "Test". Es del chileno Nicanor Parra. Siempre digo "me encanta", pero esta vez no es redundancia.
Test
Qué es un antipoeta: un comerciante en urnas y ataúdes? un sacerdote que no cree en nada? un general que duda de sí mismo? un vagabundo que se ríe de todo hasta de la vejez y de la muerte? un interlocutor de mal carácter? un bailarín al borde del abismo? un narciso que ama a todo el mundo? un bromista sangriento deliberadamente miserable? un poeta que duerme en una silla? un alquimista de los tiempos modernos? un revolucionario de bolsillo? un pequeño burgués? un charlatán? un dios? un inocente? un aldeano de Santiago de Chile? Subraye la frase que considere correcta. Qué es la antipoesía: un temporal en una taza de té? una mancha de nieve en una roca? un azafate lleno de excrementos humanos como lo cree el padre Salvatierra? unespejo que dice la verdad? un bofetón al rostro del Presidente de la Sociedad de Escritores? (Dios lo tenga en su santo reino) una advertencia a los poetas jóvenes? un ataúd a chorro? un ataúd a fuerza centrífuga? un ataúd a gas de parafina? una capilla ardiente sin difunto? Marque con una cruz la definición que considere correcta. 25 luglio Rayuela... de besosLindísimo fragmento de Cortázar, de la obra que lo catapultó al éxito o lo dejó ver entre todos los mortales. Me había olvidado de este fragmento, ahora lo recuerdo nuevamente línea tras línea.
Miren.
" Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua. " 03 luglio Oliverio!Poema de Oliverio Girdono. Entusiasta, brillante. Un mundo así alguna vez fue posible en la cabeza de un poeta. Alguna vez posible en un momento nuestro. ¿Alguna vez? Aunque sea una-
Saludos de la dama kiwi.
¡TODO ERA AMOR! ¡Todo era amor... amor! No había nada más que amor. En todas partes se encontraba amor. No se podía hablar más que de amor. Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre. Amor de cartón piedra, amor con leche... lleno de prevenciones, de preventivos; lleno de cortocircuitos, de cortapisas. Amor con una gran M, con una M mayúscula, chorreado de merengue, cubierto de flores blancas... Amor espermatozoico, esperantista. Amor desinfectado, amor untuoso... Amor con sus accesorios, con sus repuestos; con sus faltas de puntualidad, de ortografía; con sus interrupciones cardíacas y telefónicas. Amor que incendia el corazón de los orangutanes, de los bomberos. Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas, que arranca los botones de los botines, que se alimenta de encelo y de ensalada. Amor impostergable y amor impuesto. Amor incandescente y amor incauto. Amor indeformable. Amor desnudo. Amor amor que es, simplemente, amor. Amor y amor... ¡y nada más que amor! |
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